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  • Foto del escritorPamela Lagos

No más súper mujeres

Más que una columna, este mes quiero hacer un mea culpa y declarar algo de lo que no me siento orgullosa.


Uno por lo general confiesa las caídas, eso que no queremos aceptar de nosotros mismos y que nos da vergüenza porque sentimos que no concuerda con cómo nos gustaría ser, con nuestro ideal del yo -ese ideal que nosotros mismos creamos y que nos esforzamos por alcanzar- pero claro, asumir que ese ideal está lejos y no es más que una imagen idealizada e irreal no es tan fácil.


Con todo eso, acá voy: pasé meses sin hacer mi columna, esta columna. Me sobre exigí y así un día me di cuenta que estaba dejando muchísimas cosas sin hacer. Pensaba “mañana lo soluciono” hasta que ya eran demasiadas personas a quienes no les había respondido o estaba en deuda con ellas.


Así que aquí estoy, pidiendo disculpas y agradeciendo a las mega editoras (‘mega’, no ‘súper’, ya entenderán por qué) de esta revista que me dijeron simplemente “sigamos adelante” cuando las llamé para deshacerme en explicaciones.


Por lo mismo hoy no puedo si no hablarles del concepto que encontré detrás de esto que me pasó estos meses. Claro, porque una se puede sobrepasar, pero lo exigente no se lo quita nadie así que en lugar de echarme a morir y decir “colapsé” me puse a buscar cómo racionalizar esto y transfórmalo en aprendizaje. Ahí apareció el concepto “Superwomen versus SmartWomen” - la súper-mujer versus la mujer-inteligente, pero en versión gringa porque por alguna razón siempre terminan poniéndole el ingles a este tipo de conceptos-. Eso era lo que me pasó, pensé, traté de ser la superwomen y no me quería dar cuenta que poderes no tenemos y que la verdad es que esta súper mujer que lo puede todo, que no descansa, que trabaja, que lleva la carga mental de la casa -porque según el INE el 90% de esta carga la seguimos llevando las mujeres- que es buena mamá, esposa, amiga, compañera de trabajo y además es creativa, activa, hace deporte…. ¡No existe! Sorpresa, no existe. Nadie puede hacer todo bien y si parece que así es, entonces está mintiendo y actuando.


El gran problema es que muchas tratamos de hacer todo, muchas seguimos con ese concepto antiguo de la súper-mujer que nos enseñaban las abuelitas en el que el ocio es malo y mantenerse activa es bueno. Así, nos parecía un gran valor una mujer con muchas facetas, que tratara de abarcar todo y así pudiera lograr abrirse un espacio en este mundo -aún- masculino.


Pero ¿que hay detrás de esa “multifacética”? La verdad es que ahí hay una mujer sobrepasada, que pone todo menos a ella como prioridad y que, pese a mostrar como si fuera una gran malabarista teniendo todo bajo control, si bien logra todo, probablemente sólo consigue un 20% de calidad en cada una de las actividades que realiza. Así, cantidad versus calidad tuvieron que ser necesarias para abrirnos paso en un mundo donde las mujeres no teníamos los escalones asegurados, pero hoy nos ha pasado la cuenta y ya es mucho, es hora de transformarnos en smartwomen y enterrar a la superwomen, como -afortunadamente- lo han hecho poco a poco las nuevas generaciones. Esta nueva mujer, inteligente, es la que sigue teniendo múltiples facetas, eso está en nuestra esencia, prácticamente viene codificado en el XX (es una forma de decir, no se pongan literales los genetistas), pero su felicidad y sentimiento de valía no está en cumplir con todas sus facetas, por lo menos no a cualquier precio. La smartwomen elige estar 100% en algunas y dejar las otras, elije calidad sobre cantidad, elige saber mucho de un tema por sobre saber de todo, elige ser excelente en alguno de sus roles y asume que en otros probablemente no será perfecta y eso está bien para ella. Calidad versus cantidad, ese es el gran cambio de cabeza que necesitamos hacer muchas mujeres.


Les voy a hacer una pregunta y quiero que contesten con total sinceridad: ¿alguna vez les ha pasado que tienen tiempo “libre” y deciden ocuparlo en esas cosas que “tienen que hacer”, pero que en realidad no pasaría nada si las hicieran al día siguiente? Me refiero a actividades como ir a dejar la ropa a la tintorería, pasar a buscar eso que compré con retiro en tienda, ir a comprar el gancho que falta de la cortina, etc. Las mujeres siempre sentimos que “tenemos que hacer” muchas cosas, sin embargo, eso tiene más que ver con la idea de súper mujer, porque cuando lo pensamos dos veces podemos ver que en realidad sería mucho mejor simplemente descansar o no hacer nada. Pero no, eso es imposible en la cabeza de la superwomen porque el ocio es algo malo, es “perder tiempo” y en lugar de verlo como salud lo vemos como una peste. Es por esto, que como una forma de arrancar de este flagelo tan terrible de la “pérdida de tiempo”, siempre estamos “aprovechando de…” ¿Cuántas veces en esta semana han hecho eso de “aprovechar de”? Ya que voy a ir al mall, voy a aprovechar de pasar a pagar esta cuenta al banco, y ya que voy al banco voy a aprovechar de pasar por la tienda que está al lado a preguntar por eso que me falta, etc. Así, esa única actividad que íbamos a hacer se multiplica y terminamos haciendo todo, pero apuradas y sin disfrutar nada de lo que pasa a nuestro alrededor.


Por favor no crean que me estoy poniendo espiritual y que voy a salir con el vivir el aquí y el ahora -lo que es muy bueno y sano, pero no voy a ese punto- me refiero a algo mucho más concreto, a aprender a disfrutar y aceptar que no podemos con todo. El concepto “disfrutar” es fundamental en esto, porque por lo general no disfrutamos al cien por estar pensando en lo que “tendríamos que haber echo” en el tiempo que estamos “perdiendo”. Me explico ¿les ha pasado que pasan una tarde genial con amigas, conversando y de pronto les viene un mini ataque de ansiedad? “me tengo que ir” “no he hecho nada hoy”. Es como si pasar tiempo disfrutando se volviera un pecado del que hay que escapar. Es entonces donde viene la típica pregunta de la amiga que intenta bajarte la ansiedad ¿y qué tienes que hacer? En ese momento nuestra cabeza entra en una especie de limbo inconsistente; “Es que llevo mucho rato aquí y tengo cosas que hacer”. “Cosas” es decir, nada, pero siempre por alguna razón sentimos que el tiempo para nosotras es una pérdida poco productiva, cuando la verdad es que es el tiempo más productivo que podemos tener. Es por nuestra salud, pero esa extraña culpa de mantenernos produciendo a costa de todo hace que creamos que si no estamos en constante estrés y movimiento no lo estamos haciendo bien.


En mi lectura sobre estos conceptos de superwomen o smartwomen encontré un hecho bien ejemplificador. Se plantea que hay algo que marca a todas las grandes líderes mujeres: que en algún momento de su vida tuvieron que enfrenarse a un quiebre en donde se dieron cuenta de que no podían con todo y tenían que elegir en qué ser excelentes, versus qué soltar. Eso parece que nos falta a muchas, saber que no se puede con todo, recordar que hay redes, que no podemos con todo solas y que eso no nos hace peores mujeres, al contrario, nos hace más eficientes.


Claro, decirlo ahora parece fácil, pero la verdad es que no lo fue. Mi marido estuvo muy enfermo y tuve que subirme al carro de “hacerlo todo”, como buena mujer le eché para adelante durante todo el tiempo que fue necesario. Pero cuando ya todo estaba mejor, cuando ya estaba más recuperado y podíamos volver a respirar yo no supe parar. Seguía a mil por hora y sin darme cuenta estaba haciendo todo a medias.


Un día, sentada trabajando en el computador miré a Amelia que dibujaba en su mesita al lado mío, tiene 3 años 9 meses, si no paro ahora me la voy a perder, pensé. No quiero mostrarle a ella una mamá que puede con todo, quiero mostrarle una mamá que es mujer, que puede enfocarse, que está realizada, que sabe lo que le gusta, para qué es buena y tiene claro lo que vale. No quiero que mi hija crezca pensando que tiene que hacerlo todo, quiero que sepa que puede pedir ayuda, que puede disfrutar sin culpas, que no tiene que ser perfecta. Quiero que sepa buscar su tribu, donde se sienta acogida y protegida, que sepa trabajar en equipo. La verdad, quiero enseñarle a Amelia que ser feliz es primero, que ese debería ser su mayor objetivo y la mejor forma de enseñárselo es con el ejemplo. Hoy la súper pamela queda atrás y espero no traerla de vuelta nunca más.


Fuente: Revista Súper Mamá



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